Navarra es, por geografía y diversidad de paisajes, un privilegio ornitológico. En apenas unos kilómetros, el viajero pasa de las estepas cerealistas de la Ribera a los hayedos del Pirineo occidental, y ese gradiente se refleja en las aves que lo habitan. Gurelur lleva 35 años trabajando para que esa riqueza no desaparezca en silencio.
El recorrido de sur a norte dibuja un catálogo de vida que asombra. En los secarrales y cultivos de la Ribera, cada vez más presionados por la intensificación agrícola, subsisten especies tan singulares como la ortega y la ganga ibérica, dos especialistas de las estepas naturales que comparten hábitat con el aguilucho lagunero, el abejaruco o la chova piquirroja. La alondra ricotí —también llamada de Dupont—, que canta sin posarse desde lo alto de su vuelo nupcial, es aquí uno de los emblemas más frágiles.
Más al norte, en la zona media navarra, la variedad de hábitats acoge rapaces como el milano real, el cernícalo o el gavilán, junto a aves más discretas pero igualmente amenazadas: el escribano hortelano, el roquero rojo o el alcaudón común. Los proyectos energéticos y la construcción de infraestructuras presionan un territorio que, de momento, aún mantiene buena parte de esa diversidad.
En los bosques del norte, hayedos y robledales pirenaicos y cantábricos resisten algo mejor, aunque el cambio climático empieza a alterar ritmos y distribuciones. En su dosel revolotean los pájaros carpinteros —varias especies—, el trepador azul, los agateadores, los herrerillos y carboneros, y el popular arrendajo, el "gallico" navarro con sus inconfundibles plumas azules en las alas.
Frente a todo ello, Gurelur no solo denuncia: investiga y actúa. La asociación admite que los gobernantes y las grandes corporaciones presentan el medio natural como protegido y bien conservado, pero advierte de que la realidad sobre el terreno es otra: los campos navarros se están vaciando de vida. Aun así, mantiene un mensaje de esperanza cautelosa: todavía estamos a tiempo, y aún podemos disfrutar de muchas de estas especies si se actúa con decisión.
Para ello, Gurelur trabaja desde tres enclaves estratégicos: el Centro de Migración de Aves de Roncesvalles-Orreaga, donde se realiza el seguimiento del paso migratorio en el Pirineo navarro; la Reserva Integral del Boyeral, en San Martín de Unx; y la Estación Biológica de Arguedas, en plena Ribera.
Treinta y cinco años después de su fundación, la asociación sigue siendo la principal voz civil por la conservación de la avifauna navarra, con la mirada puesta en un territorio que, de norte a sur, todavía tiene mucho que mostrar.




