Osasuna y Villarreal firmaron un 2‑2 vibrante en El Sadar, con goles de Víctor Muñoz y Ante Budimir para los rojillos y otro doblete de Gerard Moreno para los visitantes, en un partido marcado por un arbitraje de Ricardo de Burgos Bengoechea que dejó un regusto amargo en la grada navarra.
Arranque de película y penalti polémico
El partido arrancó con Osasuna muy enchufado, pero el Villarreal se adelantó en el minuto 18 con un penalti señalado por de Burgos sobre Pepe por una entrada de Galán; el colegiado no acudió a revisar la jugada al VAR y Gerard Moreno transformó la pena máxima en el 0‑1, lo que encendió las protestas en el estadio. Apenas dos minutos después, Víctor Muñoz igualó de cabeza tras un saque de falta de Rubén García, devolviendo la calma al Sadar y mostrando su mejor versión de extremo desequilibrante.
Remontada rojilla antes del descanso
Con el marcador empatado, Osasuna siguió presionando y en el tiempo añadido de la primera parte Budimir remató de cabeza un centro de Moncayola para firmar el 2‑1, dejando a los de Lisci con la sensación de que podían cerrar el partido antes de la reanudación. La primera mitad fue trepidante, con muchas faltas, un penalti muy discutido y una clara superioridad local en el juego, pese a que el colegiado ya había amonestado a Pedraza y a Catena, este último por un rodillazo sobre Mikautadze que los visitantes pidieron como segunda amarilla.
Segunda parte con dominio amarillo y empate “de manual”
Tras el descanso, el Villarreal subió líneas y dominó el balón, mientras Osasuna se replegó sin pasar grandes apuros defensivos, aunque perdió la iniciativa que había tenido en los primeros 45 minutos. En el minuto 70, un balón parado acabó en las botas de Gerard Moreno, que peinó en el primer palo y batió a Sergio Herrera para firmar el 2‑2, un tanto que anuló la fiesta local y dejó a los rojillos con la sensación de que merecían más.
Arbitraje en el centro del debate
El papel de Ricardo de Burgos Bengoechea fue uno de los protagonistas del encuentro: el penalti inicial, la falta sobre Mikautadze, la gestión del VAR y la cantidad de faltas pitadas en un partido tan intenso generaron malestar en el entorno rojillo. El resultado final, 2‑2, sabe a poco para Osasuna, que salió al campo con más ambición y ocasiones, pero se fue del Sadar con un punto y la impresión de que un arbitraje “cuanto menos discutible” le privó de la victoria en casa. Con todo, Lisci restó importancia al arbitraje y el entrenador del equipo rival, Marcelino considero que el árbitro "es el mejor" de Primera División.






