Los cometas y asteroides han captado la curiosidad humana desde hace mucho tiempo. Hasta hace poco, todos los ejemplos documentados pertenecían a nuestro sistema solar. Esto cambió con el descubrimiento del primer objeto interestelar conocido, 1I/2017 U1 (‘Oumuamua), en 2017. Dos años después, el astrónomo aficionado de Crimea Gennady Borisov descubrió un segundo objeto interestelar, dando nombre al primero de naturaleza cometaria: 2I/Borisov. Ambos proceden del espacio interestelar, tras formarse alrededor de alguna otra estrella
Ahora publicamos un estudio sobre el cometa 2I/Borisov, realizado parcialmente desde el telescopio robótico Joan Oró, localizado en el Observatori del Montsec, en el que analizamos en detalle su evolución y propiedades. Además, destacamos la dificultad que supone la creciente contaminación lumínica para detectar estos objetos en un futuro.
¿De dónde procede Borisov?
En las etapas iniciales de la formación de nuestro sistema planetario, los planetas gigantes participaron en dispersar gravitatoriamente asteroides y cometas que se encontraban a su paso.
Hoy en día los modelos dinámicos que explican mejor las características actuales del sistema solar indican que se produjo una eyección masiva de pequeños cuerpos. Este fue posiblemente el mecanismos que lanzó el cometa 2I/Borisov al espacio interestelar, pero desde otro sistema planetario.
Una vez esos asteroides y cometas abandonaron otros sistemas planetarios se convirtieron en objetos errantes. Sin embargo, cuando se produce un encuentro fortuito con otras estrellas su historia dinámica puede cambiar. Eso fue precisamente lo que les ocurrió a ʻOumuamua y al cometa 2I/Borisov cuando cruzaron a toda velocidad nuestro sistema planetario. Una vez interaccionaron gravitatoriamente con el Sol regresaron al espacio interestelar.
La vigilancia del cometa 2I/Borisov
Los cometas son objetos difusos, generalmente de pocos kilómetros de diámetro. Como están compuestos por hielos, desarrollan una brillante y extendida envoltura de gas y polvo llamada coma. Cuando se adentran lo suficiente en el sistema solar pueden desarrollar colas mucho más extensas al encuentro con el Sol, que los hacen reconocibles en las imágenes estelares.
A medida que el comenta Borisov viajaba por el sistema solar interior, compilamos observaciones utilizando telescopios de tamaño mediano. Queríamos comprender mejor su evolución fotométrica. Estos datos son cruciales para obtener información sobre su tamaño y composición, y sobre cómo se comportan cuando se exponen a la radiación del Sol después de millones de años en el espacio interestelar.
2I/Borisov es el primer cometa interestelar jamás observado, y conocer su comportamiento es de gran interés científico.
La apariencia débil y difusa en nuestras observaciones muestra el reto observacional que suponía, incluso para telescopios de mediano tamaño.
Aún así, la importancia de los telescopios de menos de un metro se demostró con el descubrimiento y con el seguimiento que realizaron decenas de observatorios. Los astrónomos aficionados, como el mismo Gennady Borisov, realizan una labor fundamental en el seguimiento de estos objetos, complementaria a la que realizan los observatorios profesionales.
Las observaciones del telescopio espacial Hubble
Las imágenes obtenidas por el telescopio espacial Hubble nos maravillaron por su detalle y permitieron conocer mejor las dimensiones del cometa.
Fruto de ellas, un equipo internacional liderado por David Jewitt estimó que 2I/Borisov poseía menos de 1 km de diámetro y fue capaz de detectar su fragmentación posterior el 30 de marzo de 2020.
Un equipo liderado por D. Bodewits descubrió en la coma de 2I/Borisov moléculas generadas en la sublimación de hielos y materia orgánica, aunque estaba dominada por monóxido de carbono (CO), mucho más abundante que el agua. La envoltura gaseosa también contenía cianuro (CN), azanida (NH2), hidróxido (OH) y cianuro de hidrógeno (HCN), entre otros.
Esa envoltura gaseosa producida al sublimarse el núcleo del cometa se mantuvo activa mientras el objeto pasó a menos de seis unidades astronómicas (unos 897 millones de kilómetros) del Sol. Sospechamos que la relativamente pobre sublimación observada es consecuencia de una sumamente larga estancia en el medio interestelar, que supuso una pérdida significativa de compuestos volátiles.
La razón es que, en ese entorno extremo, las superficies de estos cometas vagabundos estarían sujetas durante decenas de millones de años a la radiación cósmica, siendo procesadas térmicamente y alterando su composición superficial.
El efecto de la contaminación lumínica
Las cámaras digitales se ven muy afectadas por el creciente empeoramiento de la calidad del cielo nocturno, particularmente en las longitudes de onda que emiten las tan de moda lámparas led.
Y es precisamente el brillo creciente del fondo del cielo la razón principal de que los cometas puedan pasar desapercibidos para los astrónomos hasta que no son lo suficientemente brillantes.
La adopción de políticas adecuadas a la preservación del cielo oscuro en la planificación urbana de todo el mundo desempeñará un papel fundamental en la preservación de los observatorios y en la garantía de condiciones óptimas para la investigación astronómica.
El problema crece sin control, como ejemplifica que el propio Observatorio Paranal en Chile denunciase a principios de año el impacto negativo de un proyecto industrial en la calidad de sus observaciones.
Ante este reto observacional que afrontamos, resulta cada vez más acuciante la necesidad de crear un sistema de detección espacial de asteroides y cometas.
Una serie de telescopios en órbita permitirían monitorizar todo el cielo alrededor de la Tierra para no dejar al azar ningún encuentro fortuito. Aun así, esperamos que el nuevo programa de patrullaje del firmamento LSST del Observatorio Vera Rubin permita descubrir nuevos cometas interestelares.
Si bien es cierto que el riesgo de impacto por un cometa se estima en un orden de magnitud inferior al que se asocia a los asteroides, los cometas interestelares añaden otra fuente de objetos a esa ecuación. Para aprender más sobre esos esquivos cometas, la futura misión Comet Interceptor de la ESA es el marco en el que se ha presentado este trabajo sobre el cometa 2I/Borisov.
Parece sumamente improbable que el impacto con un cometa del tamaño del 2I/Borisov ocurra en los próximos cien millones de años pero, por si acaso, todos querríamos estar informados a tiempo.
Josep M. Trigo Rodríguez, Investigador Principal del Grupo de Meteoritos, Cuerpos Menores y Ciencias Planetarias, Instituto de Ciencias del Espacio (ICE - CSIC)
Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.