El proyecto 'Fronteras de Hormigón' cumple diez años, un periodo en el que se han logrado recuperar una treintena de búnkeres franquistas en el Pirineo navarro gracias al compromiso de 400 jóvenes. Los trabajos en la fortificación de Baztán (Alkurruntz), que finalizan esta semana, han completado el programa de este verano, organizado por el Instituto Navarro de la Memoria y el Instituto Navarro de la Juventud. En la primera quincena de agosto, los campos de voluntariado se desarrollaron también en Lesaka, donde fueron visitados por la vicepresidenta del Gobierno de Navarra, Ana Ollo.
La iniciativa se enmarca en una estrategia más amplia del Departamento de Memoria y Convivencia, Acción Exterior y Euskera, con una doble vertiente centrada en la sensibilización y el trabajo con las nuevas generaciones, en la que se propicia una transmisión dialogada de la memoria (Escuelas con Memoria) desarrollada en los propios espacios de represión (Lugares con Memoria). 'Fronteras de Hormigón' constituye así un cruce de caminos entre ambas líneas de trabajo, en el que se enmarcan estos campos de voluntariado desarrollados desde hace años en colaboración con el Instituto de la Juventud.
Una década de campos de trabajo
Desde su puesta en marcha en 2017, el proyecto ha ido variando en su composición. En las dos primeras ediciones (2017 y 2018), los campos acogieron a jóvenes de entre 18 y 29 años procedentes tanto de otras comunidades autónomas como de distintos países, entre ellos Corea del Sur, Italia, Francia, Bélgica y Rusia. A partir de 2019 se incorporó, además de la tanda de mayores de edad, un grupo de menores de entre 15 y 17 años de otras comunidades. En 2020, debido a las restricciones por la pandemia de COVID-19, solo se celebró un campo con jóvenes de entre 18 y 24 años procedentes de Navarra y la Comunidad Autónoma Vasca.
En 2021 se organizaron dos tandas de voluntarios a nivel estatal: un primer grupo de 25 personas de entre 15 y 17 años, y un segundo grupo de otras 25 personas de entre 18 y 24 años. En 2022 se llevaron a cabo tres tandas: una dirigida a jóvenes de la Eurorregión Nueva Aquitania-Euskadi-Navarra de entre 15 y 17 años; otra con menores de la misma franja de edad procedentes de diferentes comunidades autónomas; y una tercera con jóvenes de 18 a 24 años, con participación internacional de Francia, Italia, México y Turquía. En 2023 se realizaron dos ediciones, ambas con menores de entre 15 y 17 años de procedencia estatal, formato que se ha repetido en los tres últimos años.
Este verano ha habido igualmente dos tandas: 25 jóvenes trabajaron en el monte Agiña, en Lesaka, del 1 al 15 de agosto, mientras que otros 25 han estado, entre el 16 y el 30 de agosto, en Alkurruntz, en Baztán.
Señalización de rutas y recuperación de inscripciones
Además de la limpieza de los elementos, tanto en el entorno del monte Agiña como en el de Alkurruntz, esta edición ha incluido labores de mejora de la señalización de las rutas existentes desarrolladas en campos anteriores. Con el objetivo de facilitar la accesibilidad, y mediante un trabajo conjunto con el CI Donibane, alumnos de este centro han fabricado una serie de postes de señalización que se irán colocando en las diferentes rutas. Durante los campos de este año está previsto señalizar en concreto las rutas de Lesaka-Oiartzun y Otsondo.
Junto a la limpieza de las estructuras —retirando vegetación y tierra que hayan podido sellar accesos y mirillas—, otra de las labores destacadas es la recopilación e inventario de los escritos que puedan conservarse en muchos de estos búnkeres, en su mayoría nombres propios y fechas relacionados con los hombres implicados en su construcción. Las primeras edificaciones, hasta inicios de los años cuarenta, fueron levantadas por prisioneros y represaliados encuadrados en Batallones de Trabajadores, mientras que la segunda fase corrió a cargo de soldados de reemplazo.
Casi 2.000 fortificaciones en la frontera navarra
La frontera navarra está salpicada por casi 2.000 fortificaciones —más de 10.000 en toda la cordillera pirenaica— levantadas por el régimen franquista ante la posibilidad de una invasión aliada o republicana por los Pirineos que finalmente nunca se produjo. El dictador Francisco Franco pretendía así prevenir una eventual entrada de las fuerzas aliadas o de la resistencia antifranquista tras la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial. Estas edificaciones, que incluían emplazamientos para ametralladora, cañón anticarro, mortero o refugios, se construyeron en territorio foral en dos fases: 115 hasta 1940, y 1.836 más hasta aproximadamente 1955, de un total de 2.884 planificadas para esta segunda etapa, por lo que 1.047 quedaron finalmente sin construir.
Desde su puesta en marcha en 2017, el trabajo voluntario de más de 400 jóvenes de distintas comunidades autónomas y países ha permitido recuperar una treintena de fortificaciones en Auritz/Burguete, Igal/Igari, Erratzu, Bera, Lesaka, Eugi e Isaba/Izaba, entre otros emplazamientos. El proyecto está organizado y cofinanciado por el Instituto Navarro de la Memoria, de la Dirección General de Memoria y Convivencia, y el Instituto Navarro de Juventud, del Departamento de Vivienda, Juventud y Políticas Migratorias, en colaboración con las entidades locales de cada zona.




