La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha anunciado la concesión de la Medalla Internacional de la Comunidad de Madrid a Estados Unidos coincidiendo con el 250º aniversario de su independencia, en una decisión cargada de simbolismo político que vuelve a situar al Gobierno madrileño en una estrategia de proyección exterior ideologizada y polémica. Para justificar el galardón, Ayuso definió a EE.UU. como el “principal faro del mundo libre”, una afirmación que, en el contexto internacional actual, no ha pasado desapercibida.
El anuncio se realizó por vídeo durante The Hispanic Prosperity Gala, celebrado en el exclusivo club Mar-a-Lago de Florida, un escenario estrechamente vinculado al trumpismo y a los sectores más conservadores de la política estadounidense. Allí, Ayuso fue premiada por su “contribución a la Hispanidad” y aprovechó la ocasión para reafirmar su sintonía con Washington, celebrando “con júbilo” cada paso que da Estados Unidos “en defensa de la verdad, la historia y un futuro lleno de oportunidades”.
La elección del lugar y del tono del mensaje ha sido interpretada por distintos sectores como un nuevo intento de la presidenta madrileña de internacionalizar su perfil político y alinearse con determinadas corrientes ideológicas estadounidenses, más que como un gesto institucional neutro. No es la primera vez que Ayuso utiliza foros internacionales para proyectar un discurso marcadamente político, que trasciende las competencias de una comunidad autónoma.
El Ejecutivo madrileño prevé entregar la medalla a un representante de la administración estadounidense que visite oficialmente España. En años anteriores, este mismo reconocimiento ha recaído en figuras como Volodímir Zelenski(Ucrania), Daniel Noboa (Ecuador) o Javier Milei (Argentina), una lista que dibuja un patrón de afinidad política más que una política exterior plural o equilibrada.
Durante su intervención, Ayuso afirmó que “Madrid es su casa al otro lado del Atlántico” y defendió que la historia de España y Estados Unidos “no se entenderían la una sin la otra”. Un relato épico de las relaciones bilaterales que omite las tensiones históricas, los conflictos y las desigualdades que han marcado ese vínculo, y que vuelve a presentar una visión idealizada y simplificada de la política internacional.
Con esta decisión, la Comunidad de Madrid vuelve a utilizar una distinción institucional para lanzar un mensaje político global, en un momento en el que el papel de Estados Unidos en el mundo —en materia de derechos humanos, política exterior y conflictos armados— es objeto de un intenso debate internacional. Lejos de buscar un enfoque prudente o diplomático, Ayuso opta por el aplauso sin matices a una potencia cuya actuación está hoy bajo una fuerte controversia.






