Pamplona Actual

Un estudio internacional sobre la diversidad oscura revela el impacto oculto de las actividades humanas sobre vegetación

Publicada en Nature y en la que han participado científicos del Instituto BIOMA de la Universidad de Navarra

  • - Los investigadores de la Universidad de Navarra Ricardo Ibañez y Mercedes Valerio han analizado el entorno de la localidad navarra de Napal

La vegetación natural a menudo carece de muchas especies que podrían estar presentes, especialmente en aquellas regiones que son fuertemente afectadas por actividades humanas. Esta es una de las conclusiones que arroja un estudio global publicado en “Nature” y en el que han participado investigadores del Instituto de Biodiversidad y Medioambiente BIOMA de la Universidad de Navarra. 

En el trabajo de investigación han colaborado más de 200 científicos de todo el mundo -pertenecientes a la red de investigación DarkDivNet- y han estudiado plantas en casi 5.500 parcelas de 119 regiones por todo el planeta. En cada parcela, los investigadores locales registraron todas las especies de plantas e identificaron la “diversidad oscura”, es decir, especies nativas que podrían vivir allí, pero que estaban ausentes. 

El trabajo de campo permitió a los investigadores comprender el potencial de la diversidad vegetal en cada sitio y medir cuánta de esa diversidad potencial estaba presente. El estudio revela que en regiones con poco impacto humano los ecosistemas suelen contener más de un tercio de las especies potencialmente adecuadas, mientras que otras permanecen ausentes principalmente debido a razones naturales. Por el contrario, en regiones fuertemente impactadas por la actividad humana, los ecosistemas contienen sólo una de cada cinco especies adecuadas. 

Entre 2019 y 2020, Ricardo Ibáñez, investigador del Instituto BIOMA, y Mercedes Valerio, doctora por la Facultad de Ciencias de la Universidad de Navarra, acometieron dos intensas campañas de muestreo en campo en el entorno de la localidad navarra de Napal, en el valle de Romanzado. “A pesar de los desafíos planteados por la COVID-19 y algunas olas de calor, en aquellos dos años estudiamos un total de 96 parcelas repartidas al azar en un radio de 10 km”, asegura Ricardo Ibáñez, investigador del Instituto BIOMA. 

Los investigadores de la Universidad de Navarra trabajaron en rincones de las foces de Arbaiun y de Benasa, en zonas remotas de las sierras de Leyre e Illón, o en algunos barrancos como el de Racas o el de Cerréncano. “El trabajo fue intenso en cada parcela. En una de ellas, próxima a Bigüézal, llegamos a contabilizar 95 especies, una de las más diversas del proyecto global”.  

El efecto de la Huella Humana, a cientos de kilómetros

El nivel de perturbación humana en cada región se midió utilizando el Índice de Huella Humana, que incluye factores como la densidad de población humana, los cambios en el uso del suelo (como el desarrollo urbano y la agricultura) y las infraestructuras (carreteras y ferrocarriles). El estudio muestra que la diversidad de plantas de un lugar se ve afectada negativamente por el nivel del Índice de Huella Humana y la mayoría de sus componentes en un área circundante, hasta cientos de kilómetros de distancia. 

Para los autores del estudio, “este resultado es alarmante porque demuestra que las perturbaciones humanas tienen un impacto mucho más amplio de lo que se creía, afectando incluso a las reservas naturales. La contaminación, la tala de árboles, la basura, el pisoteo y los incendios provocados por el hombre pueden excluir a las plantas de sus hábitats e impedir la recolonización”. 

Esta investigación global destaca la importancia de mantener y mejorar la salud de los ecosistemas más allá de las reservas naturales. El concepto de “diversidad oscura” proporciona una herramienta práctica para que los conservacionistas identifiquen las especies adecuadas ausentes y realicen un seguimiento del progreso en la restauración de los ecosistemas.


 

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