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Expertos alertan de que la adicción a las pantallas está infradiagnosticada por la falta de consenso científico

El 32º Congreso de la SEMG advierte de que solo el 23% de los adolescentes con uso problemático de internet llega a consulta, y pide reforzar la educación digit

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  • jóvenes con móviles -

La adicción a las pantallas es un fenómeno mucho más extendido de lo que reflejan las estadísticas, pero su alta normalización social y la ausencia de criterios diagnósticos comunes a nivel internacional impiden medir su verdadera magnitud. Así lo advirtió el psicólogo clínico Hilario Garrudo Hernández durante el 32º Congreso Nacional de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), celebrado en Oviedo del 11 al 13 de junio.

Uno de los principales obstáculos para su abordaje es que los grandes manuales diagnósticos de referencia —el DSM-5 y el CIE-11— solo reconocen formalmente la adicción al juego patológico y a los videojuegos. Quedan fuera el uso compulsivo de redes sociales, las compras online, el visionado continuado de series o la ciberpornografía. "Esta falta de consenso nos lleva a una invisibilidad estadística, ya que dificulta el registro epidemiológico real de las personas afectadas", señaló la doctora Cristina Gutiérrez Lora, médico de familia y miembro del Área de Conocimiento Clínico de la SEMG.

Uno de cada cuatro adolescentes, en riesgo


Según la encuesta ESTUDES del Ministerio de Sanidad de 2025, aproximadamente el 23,1% de los adolescentes de entre 14 y 18 años en España presenta un uso problemático o compulsivo de internet, con mayor incidencia en chicas que en chicos. Sin embargo, Garrudo advirtió de que estas cifras no reflejan la realidad clínica completa: "Los casos que llegan a consulta son todavía muy pocos en relación con el número de usuarios con uso problemático". En la práctica, los pacientes suelen ser menores derivados por sus familias; los adultos acuden solo cuando el deterioro en su vida personal, académica o laboral ya es significativo.

El especialista apuntó también a la pandemia como punto de inflexión. "La COVID-19 aceleró una década el uso de la tecnología en pocos meses", con la expansión del teletrabajo, la educación a distancia y el comercio electrónico, y consecuencias directas sobre la salud mental: mayor sedentarismo, aislamiento, ansiedad, depresión e incremento de conductas adictivas.

Del insomnio al riesgo de autolesión

El impacto del uso problemático de pantallas es progresivo. A corto plazo deteriora la calidad del sueño, la atención y el rendimiento. También se asocia a conductas de riesgo como el grooming, el sexting, la nomofobia o el vamping —el uso de pantallas durante la noche en la cama en detrimento del descanso—. A medio y largo plazo, los especialistas advierten de consecuencias más graves: deterioro de las relaciones familiares, ciberacoso, ansiedad, depresión e incluso intentos autolíticos.

Garrudo recordó además que el problema no es solo el tiempo frente a la pantalla: "Hay uso problemático cuando las pantallas se convierten en prioridad por encima de las relaciones interpersonales o actividades básicas, con pérdida de la noción del tiempo y cambios bruscos de conducta compulsiva e incontrolable".

"Huérfanos digitales" y terapia familiar

El experto destacó el papel de los algoritmos en la generación de dependencia —"las plataformas están diseñadas para hacernos dependientes de ellas"— e insistió en la necesidad de reforzar la educación digital entre familias y docentes para evitar que los menores queden sin supervisión en el entorno digital, situación que describió como la de "huérfanos digitales".

El tratamiento pasa por la terapia cognitivo-conductual como base, con especial protagonismo de la familia en el acompañamiento emocional y la prevención de recaídas. En algunos casos puede complementarse con apoyo farmacológico.

Por su parte, la doctora Gutiérrez Lora subrayó el papel de la Atención Primaria: "Los médicos de familia tenemos una posición privilegiada para identificar señales de uso problemático y trabajar desde el ámbito individual, familiar y comunitario".

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